El 10 de diciembre, en el IES BELLAGUARDA de Altea, celebramos el Día Internacional de los Derechos Humanos, queremos hacer constar que todo el mundo tiene derecho a vivir en condiciones dignas en uno en torno a libertad. Y por ninguna razón estos derechos tienen que ser vulnerados.
En la hora del patio, las Embajadoras y Embajadores Juniors lleguim un manifiesto para defender los derechos humanos y reivindicar su importancia en la sociedad.
Ethan Borja Hewitt
Embajador Júnior
MANIFIESTO POR LOS DERECHOS HUMANOS – 10 DICIEMBRE 2023
Con motivo de la celebración del día Mundial de los derechos humanos, día 10 de diciembre, desde el IES Bellaguarda queremos celebrar esta fiesta levantando la voz en la sociedad y, sobre todo, manifestando nuestro rechazo a todas las violaciones de derechos humanos que ocurren en el mundo.
Fue al 1948, cuando después de dos guerras mundiales, varias guerras civiles, como la que vivió España de 1936 a 1939, la Organización de las Naciones Unidas decidió redactar la Declaración de Derechos Humanos, en la qualels Estados se comprometieron a respetar y hacer cumplir el conjunto de los derechos humanos, civiles, económicos, políticos, sociales y culturales, proclamando así el derecho a un nivel de vida digno. Todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y cabe no tiene prioridad sobre otro. Este año se cumplen 75 años de esta Declaración Universal de los Derechos Humanos que reconocen en dignidad y valor a todas las personas.
En esta línea, Nelson Mandela señaló que privar a las personas de los derechos humanos, es poner en entredicho su humanidad.
Entre los derechos que recoge la Declaración Universal se contempla el derecho al trabajo y la protección en situaciones de paro, el derecho a que todas las personas disfruten de un nivel de vida adecuado que aseguro su salud y bienestar, especialmente en relación a la alimentación, el traje, la vivienda, la asistencia sanitaria y los servicios sociales necesarios, así como la protección de los niños, estableciendo mecanismos que velan por su bienestar en el contexto familiar y social.
A pesar de los años que lleva vigente esta declaración y la lucha incansable de muchas y muchos activistas por los derechos humanos, continuamos viviendo violaciones de los derechos humanos diariamente.
El mundo sufre en la actualidad niveles de conflicto violento no vistos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con un empeoramiento de las desigualdades, un aumento de la discriminación y el discurso de odio, impunidad, incremento de las divisiones y la polarización, además de la emergencia climática. Uno de los casos más sangrientos es la situación que está sufriendo la población palestina desde su ocupación en 1948.
Todavía hay más vulneraciones de los DDHH, como es el hecho que más del cincuenta por ciento de la población mundial vive a la pobreza. La brecha creciente entre ricos y pobres es una injusticia inconmensurable, incalificable. Una persona a la pobreza extrema no puede vivir en condiciones de libertad y dignidad.
Así como tampoco podemos olvidar la situación de tantas personas que mueren ahogadas en el mar, que se ha convertido en un cementerio marino; aquellas y aquellos refugiados que vienen huyendo de la guerra y la miseria.
Desde aquí, muestramos nuestro compromiso de actuar firmemente y con solidaridad para contribuir a frenar esta injusticia. Exigimos el cumplimiento de los Derechos Humanos, reconocidos jurídicamente como herencia natural de todo ser humano; estos derechos que son inherentes a la dignidad humana, la libertad y la igualdad que compuerta; porque, como dice el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos:
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados cómo están de razón y conciencia, tienen que comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Esto significa que todos tenemos que reconocer y respetar nuestra humanidad común y, sobre todo, el hecho que, en la vida social, los derechos y los deberes son inseparables, que los derechos de los unos no pueden menoscabar los derechos de los otros.
Cualquiera puede comprender que la necesidad de los derechos universales y la libertad son cuestiones de sentido común, sobre todo si pretendemos que la dignidad se extienda a todos los seres humanos.





