En Pequelar a menudo andamos descalzos porque los pies son una puerta directa al mundo. Sin zapatos, el niño siendo mejor la tierra, gana equilibrio, seguridad y libertad de movimiento.
Los pies descalzos ayudan a explorar texturas, temperaturas y sensaciones reales del espacio.
Y, además calzarse y descalzarse forma parte de la vida cotidiana: una pequeña situación de aprendizaje diaria que refuerza la autonomía, la paciencia y la cura de un mismo.

