La conducta de los peques es en ocasiones una cuestión que genera preocupación a muchas familias, especialmente cuando se trata de manejar comportamientos desafiantes o rabietas intensas. Si bien cada caso es único, existen ciertas pautas que pueden ayudar a las familias a trabajar la conducta desde casa. A continuación, os ofrecemos algunas recomendaciones clave para cada etapa (infantil-primaria), considerando las necesidades y características de los niños y niñas en cada una de ellas.

ETAPA INFANTIL (3-6 años)
Durante esta etapa, los niños están desarrollando habilidades sociales, cognitivas y emocionales esenciales. La conducta puede estar influenciada por su capacidad limitada para gestionar emociones y su necesidad de establecer límites. Aquí van algunas pautas para trabajar la conducta en niños pequeños:
Establecer rutinas claras
Los niños en esta edad se benefician enormemente de la previsibilidad y la seguridad que ofrecen las rutinas. Tener horarios fijos para comer, jugar, estudiar y dormir les ayuda a sentirse más seguros y a comprender lo que se espera de ellos. Si los hábitos diarios están organizados de forma coherente, los niños desarrollan un sentido de control y disminuyen la ansiedad, lo que reduce comportamientos disruptivos.
Refuerzos positivos
El refuerzo positivo es clave en esta etapa. Elogiar los comportamientos adecuados, como compartir, colaborar o seguir instrucciones, refuerza la idea de que esas conductas son las esperadas. Los refuerzos pueden ser verbales (“¡Qué bien lo has hecho!”) o materiales (un sticker, un tiempo extra para jugar). La idea es reforzar lo positivo, no centrar la atención solo en los comportamientos negativos.
Controlar las emociones y modelar conductas
Los niños pequeños no tienen aún habilidades completas para autorregularse, por lo que el ejemplo de los adultos es fundamental. Si un niño ve que su mamá o papá reaccionan de manera calmada ante un problema o frustración, es más probable que imiten ese comportamiento. Hablar sobre las emociones de manera abierta y validar lo que sienten es esencial para enseñarles a gestionar sus propios sentimientos.
Usar el castigo de forma prudente
El castigo en esta edad no debe ser severo ni frecuente. En lugar de castigos duros, es más efectivo el redirigir la atención del niño hacia una actividad más positiva o el retirar algo que le interese momentáneamente (como un juguete o un tiempo de pantalla). Las consecuencias deben ser inmediatas y proporcionales a la acción, de lo contrario el niño no hará la conexión entre su conducta y la consecuencia.
Ofrecer opciones dentro de los límites
Los niños pequeños disfrutan de tener cierto control sobre su vida diaria. Ofrecerles elecciones dentro de los límites establecidos (por ejemplo, “¿Quieres cenar antes o después de jugar a tu juego?”) les ayuda a sentirse más autónomos, lo que contribuye a un mejor comportamiento.

ETAPA PRIMARIA (6-12 años)
A medida que los niños crecen, su capacidad de razonamiento, autoconocimiento y autorregulación aumenta. Sin embargo, también surgen nuevos retos, como la búsqueda de independencia, la presión social y el desarrollo de habilidades para resolver conflictos. A continuación, algunas recomendaciones enfocadas en esta etapa:
Establecer expectativas claras y consecuencias justas
A diferencia de la etapa Infantil, los niños en Primaria ya pueden entender de manera más concreta qué comportamientos son apropiados y cuáles no. Es fundamental establecer reglas claras y ser coherentes en cuanto a las consecuencias de no cumplirlas. Por ejemplo, si un niño se compromete a hacer su tarea antes de jugar, se debe cumplir la regla de manera constante. Las consecuencias deben ser proporcionales a la acción y también deben ser consistentes.
Fomentar la resolución de problemas
A los niños de Primaria les beneficia aprender a resolver sus propios conflictos de manera autónoma. Puedes guiarlos en el proceso: por ejemplo, si se pelean con un hermano, puedes preguntar: “¿Qué podemos hacer para solucionar esto? ¿Qué harías tú si fueras el otro?”. Este tipo de preguntas fomenta la empatía y la reflexión sobre las consecuencias de sus acciones.
Involucrar al niño en el establecimiento de reglas
En esta etapa, los niños ya tienen suficiente madurez como para involucrarse en la creación de normas familiares. Esto no solo les da un sentido de responsabilidad, sino que también aumenta su compromiso con las reglas. Al establecer límites junto con ellos, se sienten más parte del proceso y tienden a respetarlos mejor.
Fomentar la autorregulación emocional
A esta edad, los niños y niñas ya están empezando a gestionar mejor sus emociones, pero a menudo necesitan apoyo para hacerlo. Ayudarles a identificar sus emociones y ponerle nombre a lo que sienten (por ejemplo, “parece que estás frustrado porque no te salió la tarea”) les ayuda a ser más conscientes de sus reacciones. Técnicas como la respiración profunda o tomarse un tiempo para calmarse también pueden ser útiles.
Promover la responsabilidad
En la etapa de Primaria, los niños y niñas deben empezar a hacerse responsables de sus acciones. Puedes motivarlos a que tomen decisiones sobre sus tareas y actividades cotidianas. Darles un calendario o elaborar una lista de tareas también ayuda a que aprendan a organizarse. El reconocimiento por cumplir con sus responsabilidades refuerza los buenos hábitos.
Fortalecer la comunicación abiert
El alumnado de Primaria comienza a tener una vida social más compleja y se enfrenta a nuevos desafíos emocionales y académicos. Es importante que sientan que pueden hablar con sus familias sobre cualquier cosa sin miedo a ser juzgados. Establecer momentos para escuchar activamente sus preocupaciones fortalece la relación familiar y les da la confianza de que pueden contar con el apoyo necesario.
CONCLUSIONES
Trabajar las dificultades de conducta de los niños y niñas desde el ámbito familiar implica ofrecerles un entorno estructurado, seguro y lleno de apoyo emocional, tanto en Infantil como en Primaria. Sin embargo, las estrategias deben ajustarse al desarrollo cognitivo, emocional y social de cada etapa. Mientras que en Infantil la clave está en la rutina, el refuerzo positivo y el modelaje de conducta, en Primaria es muy importante fomentar la autorregulación, la responsabilidad y la comunicación abierta.
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