UNA DESPEDIDA QUE DEJA HUELLA

Con motivo del acto de graduación del alumnado de 4º de ESO, celebrado el pasado viernes 13 de junio, tuvimos el privilegio de contar con unas palabras muy especiales por parte de una compañera muy querida en nuestro centro.

Laura Díaz, profesora de Lengua y Literatura de Lengua Castellana, que se jubilará próximamente tras una larga trayectoria entre nosotros, ha sido profesora de algunos de los alumnos que este curso finalizan su etapa de Educación Secundaria Obligatoria. Su discurso, cargado de afecto, cercanía y reflexión, fue uno de los momentos más emotivos de la ceremonia.

A continuación, compartimos el texto íntegro como recuerdo de un día muy especial, sobre todo, para los estudiantes y sus respectivas familias, y como reconocimiento a la dedicación mostrada por nuestra compañera durante todos estos años.

¡Te vamos a echar mucho de menos, Laura!

Estimado equipo directivo, estimados compañeros, estimadas familias y alumnos:

Nos encontramos reunidos en esta tarde de junio para celebrar, para dar la importancia debida a un nuevo paso hacia otra etapa en vuestras vidas con esta ceremonia de graduación. Bien es verdad que ya habéis probablemente sido graduados en Infantil, en Primaria, (sois unos expertos) y este acto no parece muy diferente a los anteriores. Pero lo es. Esta es la primera vez que el Estado os expide un título con el que podéis ya elegir vuestro propio camino. Habéis culminado la etapa de estudios obligatorios, la ESO. 

Desde vuestra experiencia hoy concluís una etapa que seguramente comenzasteis con nervios e incertidumbre hace cuatro años, cuando hubisteis de destejer esos lazos que os unían con vuestros maestros, compañeros y colegios, tan cercanos, tan familiares; habéis ido superando nuevos retos, nuevos conocimientos, nuevas maneras de enseñar. Habéis confrontado inseguridades y miedos, sentido alivio con los aprobados, decepciones con los suspensos.  Y habéis ido creciendo, ya no sois niños, estáis en el camino de otra etapa, una etapa de grandes cambios, de toma de decisiones que os irán construyendo.  Porque ya os vais midiendo, vais ganando en poder de decisión, y vosotros iréis siendo ya los responsables de esas decisiones. Lo que todo niño desea, poder decidir, ahora se ha cumplido. “Todo gran poder conlleva una responsabilidad”. Probablemente os quedarán gratos recuerdos de esos patios, de las clases de Educación Física, de las excursiones. Por cierto, dejasteis al país sin energía cuando desplegasteis la vuestra por Madrid, eso no lo olvidaréis. Recordaréis los triunfos en los campeonatos inter institutos: chicas, qué grandes demostrasteis ser en un deporte pensado para caballeros. O recordaréis con una sonrisa el teatro, la danza y el ritmo que nos habéis generosamente ofrecido y contagiado: ¡¡Mamma mía!!

Lo que queda en la memoria es lo que nos hizo felices.

Pero yo quiero que esta tarde os elevéis sobre vuestra experiencia, sobre vuestro yo. Y empiezo con una anécdota, “Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez más viejo que nadaba en dirección contraria. El pez más viejo los saludó con la cabeza y les dijo, “Buenos días, chicos, ¿cómo está el agua?” Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho y por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: ”¿Qué demonios es el agua?”
A menudo las realidades más obvias e importantes son las que más cuesta ver y las más difíciles de explicar. Vamos a intentarlo.

En primer lugar resaltamos la primera obviedad. Hoy vuestras familias os acompañan y son las que han hecho posible que el agua en la que nadáis sea la más fresca y clara posible. La familia es la institución social más antigua y si ha llegado hasta aquí, malo será que no dure algunos miles de años más. Las familias no son perfectas, pero están ahí, tejiendo una trama de cuidados, amor y apoyo que os han permitido llegar a ser los adolescentes llenos de energía y proyectos que tenemos delante.

GRACIAS, familias.

Pero el agua en la que nadan los jóvenes peces es también la cultura que les permite nutrirse y crecer. Y esta cultura, palabra que viene de cultivar, cultivar la tierra, con esfuerzo, abarca el conjunto de conocimientos, costumbres, valores y creencias que comparte un grupo social. Esa cultura, la nuestra, es la de nuestro país, España, que tiene una larga y bella tradición. Esta cultura debe ser transmitida. “Somos enanos a hombros de gigantes”, y quienes nos transmiten ese esfuerzo acumulado de generaciones pasadas son vuestros profesores. Lo explicaré en palabras de la profesora y poeta Elena Escribano, que nos ha visitado este curso, “Cada una de nosotras y de nosotros somos el enlace que conecta con alguien de quien recibió la antorcha, y a su vez inicia cadena con quienes la recibieron de sus manos. Y todos formamos una red de manos y de antorchas que mantienen alta la belleza y la sabiduría que recibimos y también comunicamos.
Qué alegría reconocer a quien nos la dio y a quienes la recibieron de nuestras manos. Y sentir que somos eslabones de una cadena que atraviesa los siglos.

Quien a mí me dio la antorcha llevaba en sus palabras la voz de todas las maestras y maestros que la precedieron.
Y permanecen también en nuestra voz. No sabemos sus nombres, pero poco importa. Están. Por eso, cuando tenemos la suerte excepcional de reconocernos y abrazarnos, esa cadena vibra con la fuerza del tiempo y la sentimos viva.”

Este es el trabajo de vuestros profesores. Y no es fácil. No en estos tiempos. La institución escolar está angustiada, falta de reconocimiento, es criticada e ignorada especialmente por nuestros legisladores que muy a menudo han dejado de creer en la importancia de la cultura y de la formación que esta institución debe defender y transmitir. 

Pero vosotros sed conscientes. Sed conscientes de la importancia que tiene una hora de clase. Una hora de clase no es el discurrir de un lapso de tiempo que comienza para terminar a los 55 minutos cuando suena el timbre . Una hora de clase puede cambiar una vida. Dar al destino otra dirección. Consagrar para siempre lo que solo estaba débilmente esbozado. En una hora de clase se puede visitar otro lugar, otro mundo, ser transportados. Toparse con lo inesperado, con lo maravilloso, con lo inédito. El profesor habla, prepara los materiales, os da una clase. Y no está en ningún otro sitio, sino aquí con vosotros. El profesor quiere estar donde está. La presencia del docente que habita plenamente su clase es perceptible de inmediato. Los alumnos lo sentís desde el primer minuto. Todos lo hemos experimentado. Deseo que tengáis profesores que tengan ganas de enseñar, a quienes les encante enseñar. Que tengan los conocimientos, por supuesto, de lo que enseñan. Y que os formen. No permitáis nunca que otros os quiten este derecho, que no os entorpezcan aprender en clase. Es vuestro derecho. 

No hay nada en la vida que pueda compararse con un aula. Entendedlo porque una vez que salgáis de aquí, de estas u otras aulas en vuestro futuro, raro será que alguien os hable u os escuche del modo en que ahora os están hablando y os están escuchando vuestros profesores. Espero que tengáis muchos profesores que os transmitan su amor por el conocimiento.

Muchas veces, volvemos a la fábula, lo más cercano y esencial es aquello que más cuesta ver y entender, como el agua donde vivían los peces. Quería haceros reflexionar sobre el lenguaje. Nosotros, bañados en el lenguaje, no somos conscientes de su trascendencia: las palabras modulan y modelan la realidad que respiramos. Una simple palabra puede iluminar el día o puede hundirte. Algunas frases despectivas se clavan en el tejido de la memoria y el daño arde, a pesar de los años. Un comentario agrio puede agrietar una amistad o helar el deseo que empezaban a nacer. Quien lo probó, lo sabe. Por eso, cuidad esas palabras, cuidad vuestro lenguaje. Haced más transparente el agua en la que vivimos. 

Pero como esos pececillos jóvenes, también os moveréis en unas aguas que pueden venir turbulentas. Podréis surcarlas más fácilmente, seréis más fuertes, gracias a la formación. La educación es la actividad más política de todas. De ella depende el buen gobierno. Porque de ella depende la aparición de buenas personas. La educación es la actividad también más espiritual de todas. 

Quiero terminar diciéndoos que espero que seáis buenas personas y no solamente individuos. Que tengáis espíritu crítico. Que queráis ser. Que rechacéis ser parte del nihilismo actual, del vacío, de la nada. En una sociedad en la que todo empuja a los jóvenes hacia la ausencia del mundo, hacia la evasión, hacia el cultivo de mundos aislados, tecnológicos, virtuales, la escuela sigue siendo la salvaguarda de lo humano, el encuentro, los intercambios, las amistades, los descubrimientos intelectuales.

Espero que el Instituto, en vuestro bachillerato o en las enseñanzas profesionales allá donde vayáis a adquirir vuestra formación, os ayude a querer aspirar justo a lo contrario de lo que en gran parte os ofrece esta sociedad: espero que aspiréis a la Sabiduría, a la Fuerza, a la Verdad, al Bien, a la Belleza, a hacer que las  aguas de vuestra vida y las aguas de quienes os rodeen sean, siquiera un poco, más cristalinas. 

¡Enhorabuena, graduados!

Laura Díaz Fuentes

Mis gradecimientos a Irene Vallejo, Greorio Luri, Massimo Recalcati, Nuccio Ordine, los gigantes. Y a Caroline, ser de luz cercana a los alumnos.

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