Dignificación y puesta en valor del Grado Básico
Como todos los finales de curso, es momento de dedicar tiempo a reflexionar acerca del camino.
Siento frustración, son ya 9 años tirando del Grado Básico, intentando convertirlo en una vía de capacitación real, intentando romper la inercia que nos lleva por el camino de utilizarla como una medida disciplinaria o un “aparcamiento” o “guardería” de alumnos, intentando dignificarlo y ponerlo en valor.
Es una lucha contra todos. Contra los alumnos, las familias, los equipos directivos, los departamentos de orientación, mis propios compañeros, a los que en numerosas ocasiones, la inmensidad del bosque les impide ver el arbolito que tienen delante: la oportunidad estratégica para mejorar los resultados de las distintas familias profesionales.
El reto que me planteo cada nuevo curso es tratar el ciclo como el primer paso de una carrera profesional, en lugar de la última parada del fracaso escolar, cambiar la percepción de las familias y del propio alumnado.
Intento romper la inercia que traen de la ESO, etapa en la cual el sistema asume la responsabilidad del éxito o fracaso del menor mediante una supervisión constante y paternalista.
En el grado básico, el entorno debe simular el mundo laboral, donde la autonomía y la responsabilidad individual son requisitos, no opciones. Y debemos ser exigentes en ese sentido.
Es un cambio duro y difícil de entender, pero que necesita el apoyo de todos para que tenga éxito.
Por esta razón no me sirve cualquier alumno, hay unas consideraciones que debemos tener en cuenta:
- El taller no es un aula convencional: A diferencia de un aula de la ESO, en el grado básico de la familia de Instalación y Mantenimiento los alumnos manejan herramientas, tanto manuales como eléctricas, cuadros eléctricos, sopletes, equipos térmicos y materiales en general que requieren de cierta responsabilidad en su uso.
- Riesgo real de accidentes: Un alumno disruptivo o que solo está esperando a cumplir los 16 años supone un peligro físico para sí mismo y para sus compañeros.
- Imposibilidad de aplicar estándares industriales: En ciertas condiciones es inviable enseñar metodologías de organización, seguridad en el trabajo o limpieza de talleres, competencias que son el pilar básico de cualquier técnico de mantenimiento.
Si conseguimos ese tipo de alumnos, los éxitos a recoger no son pocos:
- Transición natural y éxito académico: Si el ciclo básico se nutre de alumnos con interés real por los oficios manuales y técnicos, se convierte en la mejor vía de acceso para los Grados Medios del instituto.
- Reducción del abandono en ciclos superiores: Los alumnos que suben desde un grado básico bien enfocado ya conocen la dinámica del taller, las normas de seguridad y tienen una base técnica sólida, lo que reduce drásticamente la frustración y el abandono en el Grado Medio.
- Dignificación de la etapa y puesta en valor: Las familias y la sociedad dejarán de ver el Grado Básico como un apartadero de alumnos que no caben en otro tipo de soluciones.
Soy muy consciente de mis limitaciones, intento no meterme en jardines que no son de mi especialidad, por tanto, aunque tengo muy claro como debo gestionar el itinerario formativo de los alumnos de mi familia profesional, no tengo tan claro que mi formación me convierta en una autoridad a la hora de gestionar la selección de los alumnos.
Pese a eso, y tirando de la experiencia y las situaciones que he vivido en estos años de recorrido en el Grado Básico, y con el conocimiento de la familia profesional, sí me voy a meter un poco en el charco y me vais a permitir que aporte algunas reflexiones que creo interesantes, algunas propuestas de acción.
Me parecen interesantes las siguientes consideraciones:
- Necesidad de entrevistas previas: Solicitar que, antes de la matriculación definitiva, el equipo docente del ciclo básico pueda tener una breve entrevista o pueda realizar un cuestionario con el candidato para evaluar su interés real por la rama de mantenimiento.
- Criterios de derivación claros: Acordar con Orientación una rúbrica donde se separe la «dificultad académica» (perfil ideal para FP Básica) de la «disrupción grave o rechazo al sistema» (perfil que requiere otras medidas de intervención).
Para ello podríamos utilizar una matriz de perfiles de derivación similar a ésta, en la que podemos visibilizar claramente la diferencia entre el alumno que el ciclo necesita rescatar y el alumno que pone en riesgo el funcionamiento del taller.
| Criterio a evaluar | Perfil Idóneo (Apto para el Grado Básico) | Perfil Inadecuado (Riesgo en Taller) |
| Origen del fracaso | Dificultad con el formato teórico/tradicional de la ESO. | Rechazo frontal al sistema, disrupción o absentismo crónico. |
| Interés vocacional | Muestra curiosidad por el trabajo manual o técnico. | Apatía total hacia los oficios; derivado por «descarte». |
| Respeto a las normas | Puede tener faltas leves, pero acata la autoridad básica. | Historial de partes graves, agresividad o desafío constante. |
| Seguridad (PRL) | Capaz de entender y respetar límites de peligro. | Impulsividad que supone un riesgo con herramientas eléctricas. |
| Cuidado del material | Trata razonablemente bien el entorno físico. | Historial de vandalismo o destrucción de material escolar. |
Se podría implantar una serie de indicadores clave como herramienta de detección temprana antes de derivar al consejo orientador, me atrevo a plantear los siguientes:
- El filtro de la asignatura de Tecnología: Pedir informe a los profesores de Tecnología de la ESO. Un alumno puede suspender Matemáticas y Lengua por completo, pero si en el taller de Tecnología mostraba interés, construía el proyecto y trabajaba en equipo, es un candidato excelente para el ciclo de mantenimiento.
- La diferencia entre «Movido» y «Temerario»: Un alumno con TDAH o muy inquieto puede encajar perfectamente en el dinamismo de un taller si tiene buena actitud. Sin embargo, un alumno temerario o con incapacidad de control de impulsos graves es una línea roja cuando hay radiales, cuadros eléctricos y equipos térmicos en el aula.
- Entrevista exploratoria: El alumno debe poder verbalizar, aunque sea de forma básica, por qué quiere entrar a mantenimiento de viviendas. Si la respuesta en la entrevista de orientación es «me han metido aquí para no dar clase», la derivación debe pausarse.
Finalmente creo importante establecer unas líneas rojas y un «periodo de prueba» preventivo
Dado que el entorno de trabajo es un taller de Instalación y Mantenimiento, aparece una responsabilidad civil y prevención de riesgos que no debemos dejar de lado.
- Acuerdo de Seguridad: Importancia de que todo alumno matriculado firme, junto a su familia, un compromiso de seguridad en el taller el primer día, y, lo más importante de todo, llevarlo hasta sus últimas consecuencias: impedir que cualquier persona entre en el taller si no cumple con los requisitos en su totalidad. Y hablo de personas, no de alumnos, docentes incluidos.
- Expulsión del taller por riesgo: Debe quedar acordado con Jefatura de Estudios que, ante una disrupción que ponga en riesgo la integridad física (jugar con herramientas, sabotear un cuadro eléctrico), el alumno es expulsado del taller inmediatamente. En el taller no se puede gestionar con la misma tolerancia la disrupción que en un aula de sillas y mesas.
En cuanto al periodo de prueba, si el alumno no lo supera, establecer un protocolo para que pueda retornar al aula o se le pueda orientar en otro camino más apto a su realidad.
Como conclusión, si somos capaces de dignificar y poner en valor el grado básico conseguiremos transformar a esos chavales en la cantera de los Grados Medios, reduciendo el absentismo, aumentando la motivación y la profesionalidad, dotándoles, en general, de una excelente base para poder ser unos futuros profesionales reconocidos en el sector.
Saludos.
Eladio Fernández


