Historia del CEIP M. V. ARTERO
El centro fue construido en el año 1932, bajo el marco del ambicioso Plan de Edificaciones Escolares de la Segunda República. En aquel momento, la ciudad de Castelló de la Plana sufría una carencia extrema de escuelas públicas, y este proyecto se concibió como un modelo de modernidad.

A las puertas del siglo XX, la situación educativa en Castelló de la Plana era crítica y desoladora. La ciudad no contaba con edificios diseñados específicamente para ser colegios; en su lugar, el Ayuntamiento se veía obligado a arrendar locales particulares, almacenes o plantas bajas que carecían de las condiciones mínimas para albergar a niños. Estos espacios eran, en su mayoría, insalubres y sombríos. La falta de ventilación cruzada y la ausencia de luz natural directa convertían las aulas en focos de enfermedades, en una época donde la tuberculosis y otras afecciones respiratorias causaban estragos. Además, el hacinamiento era la norma: grupos de diferentes edades compartían habitaciones minúsculas, lo que imposibilitaba cualquier avance pedagógico serio. La educación no era una prioridad arquitectónica, sino un «servicio de emergencia» instalado donde hubiera un techo disponible.
- El Diseño: Se buscaban espacios amplios, con techos altos y, sobre todo, mucha luz natural y ventilación, siguiendo las corrientes higienistas de la época que dictaban que el sol y el aire puro eran esenciales para el aprendizaje y la salud de los niños.
- La Guerra Civil: Como ocurrió con muchos edificios públicos de la época, la construcción y los primeros años de uso se vieron alterados por el conflicto bélico. Durante la guerra, estos edificios solían ser requisados para usos militares o de refugio, retomando su función educativa plena en la posguerra.
Durante décadas, el «Vicent Artero» fue el epicentro educativo de las familias del barrio y de zonas rurales cercanas.
- La separación por sexos: Como era norma en la época, el colegio funcionaba con una división estricta entre la sección de niños y la de niñas, con patios y accesos diferenciados.
- Centro de vida social: El colegio no era solo un lugar de estudio; era el punto de encuentro de la comunidad. Muchos castellonenses de hoy recuerdan las formaciones en el patio, los uniformes y la disciplina de aquellos años de hierro.
Con la llegada de la democracia y la LGE (Ley General de Educación), el centro comenzó un proceso de transformación profunda:
- Coeducación: Se eliminaron las barreras entre sexos, unificando el centro en un modelo mixto.
- Integración del Valenciano: El centro fue uno de los pioneros en la ciudad en incorporar la enseñanza en valenciano, defendiendo la lengua propia como vehículo de cultura y aprendizaje.
- Reformas estructurales: Dado que el edificio era antiguo, se llevaron a cabo diversas reformas para adaptar las aulas a las nuevas tecnologías y a las normativas de seguridad actuales, siempre intentando respetar la estética monumental del edificio original.
En la actualidad, el centro es un CEIP (Centro de Educación Infantil y Primaria) que destaca por su carácter multicultural y su apertura al barrio.
- Proyectos Innovadores: Ha destacado por sus proyectos de innovación pedagógica, el uso de pizarras digitales y su participación en programas europeos.
- Identidad: A pesar de los años, sigue manteniendo ese orgullo de «colegio de solera». Su fachada sigue siendo una de las imágenes más icónicas de la calle que lleva su nombre.

