Nuestra primera visita al huerto escolar: una experiencia para crecer

A mediados del mes de octubre vivimos un momento muy especial en la clase de 2 años: nuestra primera visita al huerto escolar. Para muchos de nuestros pequeños y pequeñas, fue su primer contacto directo con un espacio natural pensado especialmente para ellos. Y la experiencia no podría haber sido más enriquecedora.
El huerto escolar es mucho más que un espacio exterior; es un aula viva. Allí, los niños y niñas exploran, descubren, observan y experimentan de una manera que ningún material dentro del aula puede igualar. El contacto con la naturaleza favorece su curiosidad innata, fomenta un aprendizaje más sensorial y significativo, y les ayuda a construir una relación respetuosa y afectiva con el entorno.
Durante la visita, pudimos acercarnos a nuestro pequeño almendro. Aunque todavía es joven, nos sorprendió descubrir que… ¡tenía almendras! Los niños y niñas se emocionaron al verlas de cerca: tocaron su cáscara rugosa, observaron su forma, compararon tamaños e incluso pudieron pelarlas ellos mismos. Fue un momento mágico ver cómo sus ojos se iluminaban al descubrir algo tan sencillo y a la vez tan nuevo para ellos.
Esta experiencia nos recordó la importancia de integrar la naturaleza en las aulas, de convertirla en parte de nuestro día a día, no sólo en momentos puntuales. Cada visita al huerto nos ofrece oportunidades únicas para aprender desde la vivencia, para fomentar el respeto hacia el medio natural y para disfrutar juntos de pequeñas grandes aventuras.
Sin duda, esta primera visita ha sido solo el comienzo. Estamos deseando volver al huerto para seguir creciendo… ¡igual que nuestras plantas!

