El legado filosófico árabe I.
Después de terminar el capítulo dedicado a Avempace y habiendo leído El Régimen del Solitario, dedico unas pequeñas reflexiones antes de seguir con Averroes. El libro, desde luego, exhibe una extraordinaria solidez argumentativa respecto a un asunto, la filosofía «árabe», según Mohamed Ábed Yabri, dividida, escindida, entre la filosofía oriental aviceniana y la filosofía occidental averroísta. Y aquí Avempace parece jugar un papel crucial, por su fortísima fidelidad a Aristóteles, aunque con momentos platónicos ineludibles, pues la continuidad entre ambos era percibida entonces con mayor solidez (y quién sabe si no más correctamente), que ahora. Las referencias a los regímenes y la férrea apelación a la soledad indefectible de los filósofos constituye una aportación que en obras posteriores alcanza a pulir en su máximo esplendor: la constitución de una Ciudad Ideal de Filósofos. O mejor, del filósofo, pues este es en cierto modo, único. Se trata de una interpretación solidaria con el tema central de la filosofía medieval islámica «occidental»: la del entendimiento agente. Hay un momento en el que Ábed Yabri analiza el dilema de Avempace con brillantez:
Así pues, «la potencia racional se dice primeramente de la forma espiritual, en cuanto que ésta es apta para recibir al intelecto [en cuanto que potencia reflexiva], y se dice también del intelecto en acto». Evidentemente, esta potencia reflexiva no es numéricamente una en todos los individuos, pues reposa en la imaginación y, por ende, en los sentidos. Sin embargo, ¿es el intelecto en acto en todos los individuos numéricamente uno, o es plural? Y, por consiguiente, ¿son los inteligibles en acto numéricamente uno, o son muchos?
El mismo Avempace se hace estas preguntas a propósito de la «unidad del intelecto» en cuanto intelecto en acto. Y aborda el problema en los siguientes términos:
Ahora bien, si este entendimiento fuese numéricamente uno solo en todo hombre, es evidente, según lo que ya antes se explicó, que los hombres presentes, pasados y futuros serían todos uno solo numéricamente. Mas tal afirmación repugna y hasta cabe que sea absurda e imposible. En cambio, si los hombres presentes, pasados y futuros no son uno solo numéricamente, entonces este entendimiento no será tampoco uno solo.
Avempace: La Unión del Intelecto con el Hombre.
Lo cual también repugna, puesto que, en este caso, ¿cómo es posible que los hombres se comuniquen? ¿Cómo que se instituya la ciencia? Puesto que no existe más ciencia que la de los universales, en tanto que los hombres no entiendan lo universal del mismo modo, no habrá ciencia de los universales. Y si defendemos que el intelecto es plural, en la medida en que también lo son los individuos, será la unidad de la verdad la que se vea amenazada. ¿Cómo salir de este atolladero?
Mohamed Ábed Yabri, El legado filosófico árabe, pág. 254.
Se trata de una cuestión capital: ¿en dónde reside la unidad humana? ni más ni menos. Creo que esta es la cuestión fundamental relativa al Entendimiento Agente, donde Avempace introduce el elemento intermedio, el Entendimiento Adquirido, que permite separar (más que unir), al conjunto de los hombres de aquellos que han alcanzado la Ciencia, pues en ellos el filósofo no parece apreciar «repugnancia» en considerar su unidad esencial (y este término, el de esencial, será, a su vez, importante para la crítica de Averroes a Avicena).
Pero es que no es este un problema básico y fundamental de toda la filosofía. Me recuerda poderosamente a la evolución del propio Wittgenstein. El Tractatus es la búsqueda de un lenguaje perfecto, donde no quepa ambigüedad, donde si bien no todos los sabios serían el mismo, al menos parece que todos hablaría igual (el sueño de la Ciencia, por cierto). No obstante, ante la imposibilidad de encontrar lo común, la comunión (según la etimología, por cierto: «aquel que cumple con su cargo o su deber») solo la encuentra Wittgenstein en el propio lenguaje. Una vez derrumbado el edificio especulativo y ante la proliferación de ciencias en el peldaño inferior al segundo nivel espiritual que defiende Avempace (en continuidad con Aristóteles), la única unidad la encuentra en el propio lenguaje, en esa casa del ser que decía otro germanohablante.
Es el mismo problema de ese otro aristotélico reformista que es Kant. Pues la cuestión del Sujeto Trascendental es el espejo al problema del Entendimiento Agente. Al final parece que los movimientos en la modernidad secularizada pasan por encontrar aquello que pueda dotar de una mínima objetividad a nuestro contacto con aquello que nos gustaría concebir como real, aunque nuestra situación, mejor mostrada, siquiera metafóricamante, sea la del celebérrimo bote de Neurath:
No hay una tabula rasa. Somos como navegantes que tienen que transformar su nave en pleno mar, sin jamás poder desmantelarla en un dique de arena y reconstruirla con los mejores materiales. Sólo los elementos metafísicos pueden eliminarse sin dejar huella.
Según la traducción de Thomas E. Uebel en Theoria, 1995, nº23.
Esta concepción, que se vino en llamar «naturalista», refleja la incertidumbre contemporánea en la que nos encontramos. Quizá sea esa la única alternativa una vez consumada, o más bien casi consumada, la inversión teológica, de plantearse la construcción de un mundo que en el fondo, es imposible descifrar. Según aquella sentencia de Galileo:
La filosofía está escrita en ese grandísimo libro que tenemos abierto ante los ojos, quiero decir, el universo, pero no se puede entender si antes no se aprende a entender el lenguaje, a conocer los caracteres en lo que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es imposible entender ni una palabra; sin ellos es como girar vanamente en un oscuro laberinto.
Il Saggiatore (1623): El ensayador (Aguilar, Buenos Aires 1981, p. 63).
La realidad es que incluso ese lenguaje nos puede resultar tan hermético como los mismísimos Oráculos Caldeos, y así resulta para mucha gente que, sin embargo, vive inmersa en sus consecuencias. Está muy extendida aquella anécdota de Feynman:
I think I can safely say that nobody understands quantum mechanics.
The Character of Physical Law.
Ni tan siquiera los que creen saber pueden componerse una imagen de lo que saben. Después de todo, parece que no se puede escapar del escepticismo.
Fotografía de Jack Gittoes.
