Es muy fácil criticar desde fuera lo que hacen los demás. Todos lo hemos hecho alguna vez. Pero lo que realmente transforma un centro educativo es implicarse, colaborar y trabajar juntos para mejorar este espacio que es de todos.
En nuestro colegio confiamos en la capacidad de las familias para construir una comunidad positiva; por eso recordamos que hablar bien del centro también es hablar bien de uno mismo. Las críticas públicas solo dañan la imagen del colegio y debilitan la confianza necesaria para que los niños crezcan en un entorno seguro y respetuoso.
Las diferencias de opinión son normales, pero deben expresarse en los lugares y por los cauces adecuados si queremos encontrar puntos de unión: primero con el tutor o tutora, después —si hace falta— con los especialistas correspondientes y, en último lugar, con el equipo directivo. Este proceso existe para atender a las familias de manera ordenada y eficaz.
Nuestro trabajo es tomar las decisiones que consideramos más adecuadas para ayudar al alumnado, teniendo como objetivo el bienestar y el aprendizaje de todos y cada uno de los estudiantes. A veces acertamos, a veces cometemos errores, pero siempre actuamos pensando en lo mejor para vuestros hijos e hijas y su grupo.
Somos un centro pequeño, cercano y que quiere lo mejor para toda la comunidad educativa, pero necesitamos la colaboración y la confianza de las familias para seguir mejorando.
Si, aun así, alguien siente que este no es su lugar o no desea implicarse, quizá sea el momento de buscar un centro más acorde a sus expectativas y el momento es cuando se abra el proceso de ADMISIÓN. Lo esencial es que tu hijo o hija crezca en un entorno donde las familias y el centro remen en la misma dirección.
Muchas gracias por vuestro apoyo y comprensión.
