En nuestra clase de primero, además de aprender a gestionar y resolver conflictos, los niños y niñas cuentan con el rincón de la calma, un espacio pensado para que puedan detenerse, relajarse y reflexionar sobre sus emociones. Aquí aprenden a reconocer cómo se sienten, a respirar y a encontrar estrategias para calmarse antes de actuar. De esta manera, fomentamos su autonomía emocional, su autocontrol y su capacidad para resolver problemas de forma positiva, desarrollando habilidades sociales y personales que les acompañarán a lo largo de toda su vida.»

