Organizando los 17 kits de robótica… porque Ser Docente No Es Solo Dar Clase
En mi departamento didáctico hemos recibido recientemente 5 nuevos kits de robótica, cada uno formado por una tarjeta Micro:bit y un robot McQueen, que se suman a los 12 que teníamos hace ya 3 cursos escolares. Todo un impulso para seguir trabajando la programación, la electrónica y la robótica educativa con nuestro alumnado.
Parece que el tiempo que dediqué hace 3 años a elegir el kit de robótica adecuado que aunara la versatilidad y complejidad adecuada para los cursos de 2ESO y 3ESO, junto a la durabilidad y resistencia que requieren esos niveles educativos fue la correcta. Hoy, varios cursos después, las 12 tarjetas micro:bit funcionan como el primer día. Y los robots… bueno, algún motor ha habido que sustituir, pero nada grave hasta el momento.
Volviendo al tema de los nuevos 5 kits, como ocurre tantas veces, el material venía sin identificar, sin numeración y sin un sistema claro que permitiera repartirlo, mantenerlo y evitar pérdidas.
Así que me puse manos a la obra con la etiquetadora DYMO del IES. Uno por uno, etiqueté los 17 robots, los 17 cables y las 17 tarjetas Micro:bit que ya forman parte del inventario del departamento. Cada kit quedó asignado con un número del 1 al 17, de manera que cada alumno tendrá su equipo y será responsable de su mantenimiento durante el curso.
Este sistema permite algo fundamental: la trazabilidad. Saber qué equipo está usando cada estudiante, qué fallos aparecen, quién necesita apoyo técnico o qué material requiere revisión. Pero también supone maximizar la inversión del instituto, evitar que el material se pierda o se mezcle y fomentar una cultura de cuidado y responsabilidad entre el alumnado.
Es un trabajo extra, claro. Revisar, organizar, etiquetar… Todo eso no aparece en los horarios ni en las programaciones. Pero es una parte esencial de nuestra labor, porque Ser Docente No Es Solo Dar Clase. También es preparar el escenario para que las clases funcionen, cuidar el material común y garantizar que cada euro invertido en educación pública se traduzca en oportunidades reales para nuestro alumnado.
Y si eso requiere pasar una mañana en el instituto numerando robots… que así sea. Porque detrás de un aula que funciona, siempre hay un docente que hace mucho más de lo que se ve.
