Nuestra historia

Nuestro instituto inicia su andadura el curso 1989/90 en el edificio del IES Monserrat Roig, en horario de tarde, como es habitual en estos casos. De hecho, también nació en nuestro edificio el IES Victoria Kent, compartiendo nuestras aulas en horario vespertino durante unos años.

Tras dos años nos trasladamos a la que hoy es nuestra casa, y en ese momento echa raíces en un barrio joven, que inicia su crecimiento y evoluciona en paralelo al instituto. En un centro educativo conviven fundamentalmente dos colectivos, muchas veces con inquietudes muy diferenciadas, que son el alumnado y profesorado, y del correcto engranaje de voluntades, el instituto va dando frutos, saliendo la primera promoción de bachilleres el curso 92/93.

Arrancamos con un colectivo de profesores y profesoras provisional, con cargos directivos que iban y venían, pero con un claustro donde la juventud y el ímpetu escribieron las primeras líneas de esta historia, llegábamos a un centro virgen, donde todo estaba por hacer y todo lo queríamos. Los debates eran fructíferos e interminables, con encuentros y desencuentros, sin límites: crear grupos de teatro, las semanas culturales, cinefórum, un laboratorio de fotografía…, en definitiva, el edificio estaba hecho, pero el instituto estaba por hacer.

Los equipos educativos no se diseñan, los profesores y profesoras acabamos en nuestro destino acarreando historias vitales y perfiles sociales muy diversos, y a partir de ahí vamos construyendo para dar a nuestros alumnos y alumnas lo mejor que hayamos podido atesorar, y de eso aprenden, de nuestros conocimientos y de nuestro ejemplo.

Podemos considerar terminada esta primera fase de transición el curso 1996/97, momento en que se empieza a estabilizar el grueso de la plantilla del centro, con la directiva que encabezaba José Antonio Escandell como director.

Durante ese tiempo el barrio a nuestro alrededor crecía, y con mucho esfuerzo nuestro alumnado salía adelante, fueron unos años de prosperidad económica, de optimismo. Con todas las dificultades que pudiese haber en las casas había un convencimiento de que era importante lo que el instituto ofrecía, de que el esfuerzo daría sus frutos, y de ahí surgieron muchas alumnas y alumnos que, de familias muy humildes, con mucha voluntad, hoy son traumatólogas, especialistas en historia del arte, filólogas…

Y también repartidores, fontaneros, pintores, porque para todos es nuestro trabajo. Nos hemos ganado una cierta fama de duros, pero a nadie hemos dejado en el camino. En las aulas han confluido siempre intereses muy diversos, pero a la juventud de nuestro barrio, teníamos y tenemos que abrirles las puertas de un horizonte amplio, ambicioso. Cuando el ser humano empieza a explorar Marte, a los chicos y chicas del sector V de Elche hay que ofrecerles la posibilidad de llegar tan lejos como el que más, y ese trabajo es el que hacemos en el Tirant.

A la dirección de José Antonio Escandell le sucedió de forma natural la de José Antonio Serrano, el curso 2007/08. El colectivo de profesoras y profesores, con un porcentaje de cambios pequeño, era muy estable, y donde muchos docentes que han pasado con destino provisional han manifestado su deseo de volver. Con nuestras diferencias, habíamos constituido una gran familia.

Tuvimos el privilegio de enriquecer nuestra familia, aprender y crecer con una gran persona, artista y profesor, Manolo Maciá. Enseñamos lo que aprendemos y aprendemos de la vida, intentamos buscar nuevas experiencias y conocimientos que nos enriquezcan, pero en ciertos momentos te sorprende la vida y te da la oportunidad de dar un salto y regenerarte, y eso fue Manolo Maciá para el Tirant, una inyección de vida para seguir enseñando lo que de verdad es importante.

El profesorado que nos ha dejado siempre ha hablado muy bien de nuestro alumnado, el ambiente de trabajo siempre ha sido muy bueno, nunca se ha considerado más al profesor que llevaba más años, que al último que se había incorporado. Tampoco ha dado tiempo a que la edad media del profesorado sea alta.

Y en el ambiente también ha influido el diseño del edificio, zonas comunes amplias y luminosas, de manera que cualquiera que se mueva por él respira alegría. Por no hablar del trato humano y servicial que siempre han dado nuestros conserjes y administrativos, excelentes personas Paula, Juanjo o Carmelo, y la estupenda relación personal que se ha mantenido con el personal de limpieza. Por no olvidar los grandiosos bocadillos de magra con tomate, o tortilla de patatas que nos preparaba Chelo, y Manolo pendiente de ofrecernos el mejor servicio en una cantina donde siempre queríamos volver, y que sobre todo durante los primeros años era punto de encuentro y convivencia del profesorado.

Cuando la crisis económica empieza a hacer mella en los hogares de nuestros alumnos, nuestro trabajo empieza a hacerse también más difícil, las condiciones de estudio en las casas, y sobre todo las perspectivas de un futuro incierto genera un distanciamiento considerable entre nuestras expectativas como profesores y las de nuestros alumnos, y en esta dinámica nos encontramos.

El instituto Tirant lo Blanc ha seguido evolucionando para abrir salidas a nuestros jóvenes, con programas de atención a la diversidad para alumnado con necesidades educativas, e incorporamos ciclos formativos de la familia de Hostelería y Turismo, el curso 2001/02. Al tiempo que seguíamos construyendo sendas de futuro ambiciosas, porque nunca dejaremos de formar futuras ingenieras, historiadores, biotecnólogas o médicos, nos reinventábamos para atender a la diversidad y conseguir que alumnas con síndrome de Down u otras discapacidades pudiesen tener su título de secundaria y no viesen mermado su futuro.

Quizá en el momento que se escribe esta historia empieza a cambiar el instituto, de la mano de Darío Martínez Montesinos, una nueva directiva arranca con el impulso que da la semilla que él mismo sembró unos pocos años atrás con el proyecto Erasmus sobre memoria histórica “Lessons for present, lessons for future”, que durante tres años movilizó cerca de 1500 alumnos de 8 países.

Aunque en este momento el centro se encuentra sometido a los avatares de una terrible pandemia, la exigencia del centro sabrá, como lo ha hecho siempre, dar lo mejor para que nuestros jóvenes se doten de instrumentos para superar las vicisitudes y salir más fuertes.

Carlos J. Expósito Llamas

Profesor de Biología del IES Tirant lo Blanc de 1990 a 2020.