
Trabajar en la escuela de infantil y primaria la diversidad en el amor, en la amistad y en todas las formas de aprecio es fundamental para el desarrollo integral de los niños y para la construcción de una sociedad más justa y respetuosa.
En primer lugar, la escuela es un espacio clave de socialización. Es en estas primeras etapas cuando los niños construyen su manera de entender el mundo, las relaciones y a sí mismos. Hablar de la diversidad en el aprecio ayuda a normalizar que no todas las familias, amistades o formas de afecto son iguales, y que esta diferencia es natural y enriquecedora, no un problema.
Además, trabajar estos temas contribuye al desarrollo emocional. Los niños aprenden a reconocer, expresar y respetar las emociones propias y las de los otros. Entender que el amor y la amistad se pueden vivir de muchas maneras, fomenta la empatía, la autoestima y la capacidad de crear vínculos sanos basados en el respeto, la cura y la libertad.
También es una herramienta esencial para la prevención de la discriminación, el acoso y los estereotipos. Cuando la diversidad afectiva se trata con naturalidad desde pequeños, se reducen los prejuicios y se promueve una convivencia más inclusiva. Los niños aprenden que todas las personas merecen respeto, independientemente de cómo estiman o de qué vínculos afectivos construyen.
Finalmente, educar en la diversidad del aprecio prepara los niños para vivir en una sociedad plural y diversa, dándolos valores como la tolerancia, la solidaridad y la convivencia democrática. La escuela no solo transmite conocimientos, sino que forma personas capaces de vivir y estimar desde el respeto y la comprensión mutua.
En definitiva, trabajar la diversidad en el amor, la amistad y el aprecio a infantil y primaria es sembrar las bases de una educación emocional y social que favorece el bienestar individual y colectivo, hoy y en el futuro.


