Las lechugas del huerto estaban ya listas para ser devoradas… ¡y no podíamos dejarlas esperar más! Así que nos pusimos manos a la obra.
Primero hicimos una pequeña salida: fuimos al horno a comprar pan recién hecho, crujiente y delicioso , y después al mercado a por tomates, zanahorias y otros ingredientes fresquísimos. ¡Qué bien huele todo cuando es natural!
Con todo preparado, nos convertimos en auténticos chefs saludables. Lavamos, cortamos, mezclamos… y preparamos unos bocadillos vegetales espectaculares y unas ensaladas buenísimas.
Fue una experiencia divertida y muy sabrosa, en la que aprendimos la importancia de cuidar el huerto, apostar por alimentos frescos y disfrutar de una comida hecha con nuestras propias manos.
¡Así da gusto comer verduras!
