No hay frío que nos aletargue en infantil de dos años

A veces el frío puede ser sinónimo de letargo, de deceleración, de pausa. Pero en el aula de dos años, el invierno no ha sido otra cosa más que una nueva «crecidita», un tiempo lleno de experiencias y aprendizajes compartidos. Los azules, blancos y lilas, han tintado nuestra aula de invierno. Con una base hecha de agua fría y bicarbonato hemos trasteado con la nieve. Cada mañana hemos mirado y hablado sobre la ropa que traemos puesta al cole (guantes, bufandas, gorros y abrigos). Oportunidades de trasvasar, iniciarnos en el peso, afianzar la coordinación óculo manual y las destrezas finas, no han faltado gracias a nuestra mesa de experimentación o a las estrellas de nieve realizadas con cartón, entre otras. Otros días hemos disfrutado, tocado, cambiado a nuestro antojo, algún paisaje glaciar construido entre icebergs de gelatina, azules aguas y animales polares. Otros días hemos tenido que «salvar» animales del Ártico atrapados en bloques de hielo o incluso limpiarlos con cepillos, jabón y paciencia porque estaban impregnados de una pasta suave y fresquita que nos daba mucha risa. También las seños, nos han sorprendido con alguna que otra provocación, siempre sugerentes, cuidadosa y estéticamente preparadas para sorprendernos e invitarnos a jugar. Muchas veces, nuestro juego comienza «destruyendo» pero es que sólo tenemos dos años y precisamente la destrucción es uno de los juegos presimbólicos por excelencia. A fin de cuentas, ahora nos toca afianzar identidades y dejarnos llevar por el legítimo deseo de ser y decidir por uno/a mismo/a.

Susana Paredes. Tutora 2 años

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