Este curso, en el marco de nuestro Aplec, cada ciclo de la escuela ha llevado a cabo un trabajo de investigación alrededor de los cultivos que nos rodean y que dan identidad a nuestro entorno. El punto de partida ha sido la curiosidad de los niños para descubrir qué esconden las granadas, las algarrobas, las olivas y las calabazas —frutos que no solo forman parte del paisaje, sino también de nuestra cultura y manera de vivir.
Al aulario de Gátova, todo la alumant ha investigado alrededor de los olivos, como se cultivan, como se recogen… Ellas y ellos tienen la suerte de tener en el pueblo una de las últimas almazaras tradicionales de estas tierras, además de contar con una amplia tradición de agricultores que encara hoy en día se dedican a recoger cada año las olivas para hacer aceite.
El alumnado de Educación Infantil de Olocau ha conocido y experimentado con las calabazas a través del juego, la observación directa, la manipulación y la creación artística, haciéndose preguntas, compartiendo descubrimientos y dando vida a un espacio lleno de natura, color y aprendizajes. Ellas y ellos han creado sus calabazas con pipas en el interior, dos recetas y una simulación de campo de calabazas con arcilla.
En primer ciclo, las granadas han sido el centro de interés: los niños y niñas han observado cómo son por dentro y por fuera, de donde provienen, qué usos tienen y como cambian con el paso del tiempo.
El segundo Ciclo se ha adentrado en el mundo de las algarrobas, un fruto a menudo desconocido pero muy presente en nuestro territorio. A través de sus investigaciones han descubierto cómo se transforma, que se puede hacer y qué importancia ha tenido históricamente en la vida rural.
Y el tercer Ciclo ha hecho crecer un árbol de olivo simbólico, fruto de sus investigaciones sobre el cultivo de la oliva y el proceso de obtención del aceite, un trabajo que conecta ciencia, historia y cultura mediterránea.
Estos proyectos no solo han servido para aprender contenidos, sino para cultivar la mirada investigadora y crítica de nuestros alumnos. Investigar los cultivos es también aprender a observar, preguntar, comparar, contrastar y construir conocimiento desde la experiencia y la colaboración.
Trabajar a partir del que tenemos cerca nos ayuda a sentirnos parte del territorio, a comprenderlo y a valorarlo, haciendo de la escuela un espacio de aprendizaje vivo y arraigado en la tierra.
