La ciudad de Dubrovnik, con su inconfundible encanto mediterráneo y su rica historia, se ha convertido en el punto de partida de una experiencia muy especial para el CEIP Victoria Kent. Ayer, los maestros Benja y Héctor llegaron desde San Vicente cargados de ilusión para iniciar la primera movilidad del proyecto Erasmus+ que el centro pone en marcha este curso.
Este viaje no solo marca un desplazamiento geográfico, sino también el inicio de un camino lleno de aprendizaje, intercambio y crecimiento profesional. Ser los primeros a representar al centro en este proyecto añade, sin duda, un significado todavía más especial a esta experiencia.
Domingo 22 de marzo de 2026 «I’m from Spain»
Hoy ha tenido lugar la primera sesión “Borders, Barriers and Brilliance: collaborative look at the Modern Educator”, un espacio de encuentro donde la educación se analiza desde una perspectiva abierta, colaborativa e internacional. Desde el primer momento, Benja y Héctor han tenido la oportunidad de conectar con docentes de diferentes países europeos, compartiendo ideas, inquietudes y maneras de entender la enseñanza en contextos diversos.
El contacto con otros profesionales ha sido, sin duda, uno de los aspectos más enriquecedores de esta primera jornada. Las conversaciones, los debates y las dinámicas propuestas han empezado a construir una red de colaboración que promete aportar nuevas herramientas y enfoques para llevar al aula.
Además, han aprovechado el día para descubrir parte de Dubrovnik, recorriendo sus calles llenas de historia y dejándose inspirar por el entorno. La ciudad, con su mezcla de tradición y apertura en el mundo, se presenta como el escenario perfecto para una experiencia educativa de estas características.
Con este primer día, se abre oficialmente una etapa ilusionante para el CEIP Victoria Kent dentro del programa Erasmus+. Benja y Héctor ya han hecho el primer paso en un proyecto que, sin duda, llevará consigo nuevas ideas, aprendizajes y oportunidades para toda la comunidad educativa.
La aventura no ha hecho más que empezar.









Lunes 23 de marzo de 2026 «Think blue, exploramos Dubrovnik»
Hay días en los viajes que se sienten completos, redondos, como si cada experiencia encajara con la siguiente. Así ha sido este segundo día del Erasmus+ de nuestros profes en Dubrovnik.
La mañana comenzó con una inmersión en el mundo marino en el Aquarium and Maritime Institute. La visita guiada nos permitió acercarnos a la biodiversidad del Adriático, pero lo verdaderamente impactante llegó después, durante la proyección sobre el cambio climático y el mar Adriático. Lejos de ser una simple charla, fue un baño de realidad: el aumento de la temperatura de los océanos, la invasión silenciosa de los micro plásticos y la expansión de especies invasoras como el pez león nos hicieron reflexionar sobre la fragilidad de estos ecosistemas. Salimos con más preguntas que respuestas, pero también con una mayor conciencia.
Por la tarde, cambiamos de escenario pero no de aprendizaje. Nos adentramos en el corazón histórico de la ciudad con una experiencia centrada en su patrimonio cultural. Pasear por el casco antiguo de Dubrovnik no es solo caminar entre piedras antiguas; es recorrer siglos de historia viva, protegida y reconocida por la UNESCO. Cada calle, cada plaza, cada rincón tiene algo que contar si sabes detenerte a escuchar.
Y como todo buen día merece un buen cierre, terminamos en el puerto viejo. Allí, sin prisas, contemplamos cómo el sol se despedía tiñendo de tonos dorados las aguas del Adriático. Un instante de calma, de esos que no necesitan palabras, perfecto para asimilar todo lo vivido.
Dubrovnik no solo se visita, se aprende. Y hoy, sin duda, hemos aprendido mucho.











Martes 24 de marzo de 2026 «Gymkhana cultural, pedaleando hasta la puesta de sol»
El tercer día de la primera movilidad Erasmus+ del CEIP Victoria Kent en Dubrovnik comenzó con energía renovada y muchas ganas de seguir aprendiendo. Benja y Héctor han comenzado el día temprano, a las 8h.
La jornada arrancó con un desayuno compartido junto al resto de participantes, donde pudieron intercambiar impresiones sobre las actividades realizadas en días anteriores y comentar sus expectativas para el día. Este tipo de momentos informales están siendo clave para fortalecer la convivencia y mejorar la comunicación en un entorno internacional.
Posteriormente, se trasladaron al centro de estudios avanzados de Dubrovnik, donde participaron en diversas actividades organizadas por el profesor Jakov Bajic, destacando una gymkana cultural por la ciudad vieja. Definitivamente esta fue una actividad en la que conocieron las verdaderas raíces de la ciudad, la idiosincrasia de sus pobladores, su cultura y sus episodios más trágicos con la guerra de los Balcanes.
Durante la mañana, Benja y Héctor se implicaron activamente en dinámicas de grupo centradas en metodologías innovadoras, el trabajo cooperativo y el uso de herramientas digitales en el aula. Estas sesiones no solo les permitieron aprender nuevas estrategias educativas, sino también compartir experiencias propias del CEIP Victoria Kent.
La jornada concluyó con una puesta en común de todo lo aprendido, donde Benja y Héctor compartieron sus reflexiones y destacaron la importancia de este tipo de experiencias para su desarrollo personal y académico.


Este día en Dubrovnik ha tenido un aire especialmente aventurero para Benja y Héctor. Fieles al espíritu de su proyecto de innovación Ecokent (PIIE), decidieron apostar por una forma sostenible y respetuosa de descubrir la ciudad: alquilar unas bicicletas y dejarse llevar por caminos menos transitados.
Desde primera hora de la tarde, comenzaron a pedalear sin rumbo fijo, adentrándose en rincones que escapan de las rutas más turísticas. Entre calles empedradas, senderos junto al mar y pequeñas calas escondidas, fueron descubriendo una Dubrovnik más auténtica, silenciosa y cercana. Cada parada se convertía en una oportunidad para observar, fotografiar y disfrutar del entorno sin prisas, conectando con la naturaleza y con el verdadero ritmo del lugar.
La elección de la bicicleta no solo les permitió moverse con libertad, sino también mantener un compromiso firme con la sostenibilidad, evitando cualquier tipo de contaminación y demostrando que otra forma de viajar es posible. Este pequeño gesto encaja perfectamente con los valores que promueve Ecokent.
A medida que avanzaba la tarde, el recorrido les llevó hasta un mirador natural desde donde pudieron contemplar uno de los momentos más mágicos del día: la puesta de sol sobre el Adriático. El cielo comenzó a teñirse de tonos anaranjados, rosados y dorados, reflejándose sobre el mar en una escena difícil de olvidar. Allí, en silencio, dejaron que el instante hablara por sí solo, poniendo el broche perfecto a una jornada inolvidable.
Sin duda, este día ha sido un ejemplo de cómo la aventura, la sostenibilidad y la belleza pueden ir de la mano, dejando huellas en la memoria… pero ninguna en el entorno.





Miércoles 25 de marzo de 2026 «Aprendizaje, naturaleza y una cima inolvidable»
El cuarto día en Dubrovnik amaneció con esa mezcla de expectación y energía que ya empieza a ser habitual en esta experiencia Erasmus+. Benja y Héctor iniciaron la jornada sumergiéndose en la vida académica local, visitando la High School «Dubrovnik Gymnasium», un centro de referencia en los últimos niveles educativos y centro de excelencia en eco-escuelas.
La mañana comenzó con una clase tan inspiradora como necesaria: un acercamiento profundo al concepto de escuelas ecológicas. Entre ideas, proyectos y reflexiones, descubrieron cómo el alumnado participa activamente en iniciativas de reciclaje y sostenibilidad, convirtiéndose en agentes reales de cambio. No fue solo teoría; fue una invitación a repensar la educación desde el respeto por el entorno. Además pudieron mostrar con detalle el ahora internacional proyecto EcoKent, y presentar en sociedad al Tio Pep, ese carismático «abuelito» que aporta conocimientos sobre agricultura y mucho cariño al alumnado del colegio Victoria Kent.
La experiencia continuó con una visita guiada por el centro, donde cada rincón hablaba de compromiso y conciencia. Especialmente memorable fue el huerto escolar, un espacio vivo que conecta a los estudiantes con la naturaleza de una forma directa, casi esencial.













Pero el día no había hecho más que empezar.
Tras un merecido descanso para reponer fuerzas, Benja y Héctor decidieron dejarse llevar por el espíritu aventurero que despierta esta ciudad. Lo que comenzó como un paseo se transformó en un auténtico reto: una ruta de senderismo de varios kilómetros que les llevó hasta la cima del Monte Srđ, la montaña que vigila Dubrovnik desde las alturas. En la misma cima coincidieron con dos compañeros del grupo provenientes de Islandia y tomaron una instantánea debajo del avión de la última guerra de los Balcanes.
El esfuerzo fue intenso, pero cada paso mereció la pena. Desde lo más alto, el espectáculo era simplemente inolvidable: el mar Adriático extendiéndose hasta el horizonte, los tejados rojizos de la ciudad antigua y, como broche final, una puesta de sol que parecía pintada a mano.
Con la luz cayendo lentamente, iniciaron el descenso siguiendo senderos que serpenteaban entre la naturaleza, en un silencio solo roto por sus pasos y alguna conversación compartida. Fue uno de esos momentos que quedan grabados sin necesidad de fotografías.
El día terminó como empezó: rodeados de aprendizaje, pero esta vez compartido entre compañeros de distintos países. Conversaciones, ideas, proyectos… todo fluía en un ambiente enriquecedor que da sentido a este tipo de experiencias.
Ha sido, sin duda, un día precioso y completo. De esos que cansan el cuerpo, pero llenan el alma.










Jueves 26 de marzo de 2026 «Parar, sentir y redescubrir»
El quinto día en Dubrovnik nos regaló algo distinto. No fue una jornada de grandes recorridos ni de retos físicos, sino un viaje hacia dentro, hacia la calma, hacia la conciencia.
Benja y Héctor comenzaron la mañana en el Centro de Estudios Avanzados de Dubrovnik, un espacio que ya de por sí invita a la reflexión. La propuesta del día giraba en torno al mindfulness, una experiencia pensada para reconectar con los sentidos y con el entorno.
La primera actividad nos llevó fuera del centro. En silencio, cada uno buscó su propio rincón, un lugar donde la naturaleza pudiera hablar sin interrupciones. Entre árboles, plantas y el suave sonido del entorno. Comenzó un ejercicio sencillo en apariencia, pero profundo en esencia: activar los cinco sentidos. Observar, escuchar, oler, tocar… incluso saborear el momento. Sentir, simplemente sentir y conectar con el presente.
Después, la experiencia tomó un matiz aún más curioso: explorar los colores. Rojo, amarillo, azul… y dejar que cada uno de ellos despertara imágenes, sensaciones, pensamientos. Un ejercicio que, más allá de lo visual, nos invitó a interpretar el mundo desde otra perspectiva, más pausada, más consciente.
Tras la actividad, y con un café caliente entre las manos, llegó el momento de compartir. En la puesta en común, cada participante abrió una pequeña ventana a su experiencia personal. Fue entonces cuando todos coincidimos en algo: vivimos demasiado rápido, pensamos en lo siguiente antes de terminar lo que estamos haciendo. Y, sin darnos cuenta, dejamos de sentir.
La mañana fue, sin duda, un regalo. Una pausa necesaria.
Después, tocaba recuperar energías como mejor se puede hacer en esta tierra: degustando uno de los platos tradicionales de la gastronomía local, disfrutando no solo de la comida, sino del momento compartido.
La tarde cambió de escenario. La lluvia hizo acto de presencia, obligándonos a dejar a un lado los planes al aire libre. Pero lejos de empañar el día, nos llevó a descubrir otra cara de la ciudad. Paseamos por iglesias llenas de historia, recorrimos el majestuoso Palacio del Rector y nos dejamos impresionar por la catedral, refugio perfecto en una Dubrovnik más íntima, más silenciosa.
El día terminó entre pequeñas tiendas de recuerdos, buscando detalles que llevarnos de vuelta, no solo como objetos, sino como símbolos de todo lo vivido.










Viernes 27 de marzo de 2026 «Retos, emociones y despedidas inolvidables»
El sexto y último día de curso en Dubrovnik ha sido, sin duda, uno de los más especiales y emotivos de todo el curso de formación del proyecto Erasmus+ en el que han participado nuestros maestros Benja y Héctor.
La jornada comenzó con una actividad grupal muy dinámica y divertida. Los participantes, organizados en equipos, tuvieron que superar distintos retos que por la lluvia tuvieron que realizarlos en el mismo edificio, utilizando la creatividad para grabar vídeos y tomar fotografías que les permitieran avanzar hasta el final. Entre pruebas, risas y trabajo en equipo, el ambiente fue inmejorable y reflejó el espíritu colaborativo que ha marcado toda la experiencia.
Tras el descanso, llegó uno de los momentos más esperados: la proyección de los vídeos realizados por cada grupo. Las carcajadas no se hicieron esperar, y cada grabación mostró no solo el ingenio de los participantes, sino también los lazos que se han ido creando durante estos días.
A continuación, se llevó a cabo la encuesta de evaluación del curso, un espacio para reflexionar sobre todo lo aprendido y vivido. Poco después, tuvo lugar la entrega de certificados, que puso el broche formal a esta enriquecedora formación.
Sin embargo, el momento más emotivo llegó con la despedida. Benja y Héctor dedicaron unas palabras sinceras de agradecimiento, destacando la oportunidad de aprendizaje, la convivencia y las amistades que se han forjado a lo largo de la semana.



Como gesto simbólico y muy especial, pidieron a sus compañeros europeos que firmaran o escribieran unas palabras en dos banderas que habían llevado consigo. Estas banderas viajarán de vuelta al colegio como recuerdo de esta experiencia y formarán parte del futuro rincón Erasmus+, manteniendo vivo el espíritu del proyecto.





Tras las fotos de grupo, abrazos y despedidas, parte del grupo decidió alargar el momento compartiendo una comida juntos, disfrutando una vez más de la compañía y las conversaciones que tanto han enriquecido estos días.





Y como no podía ser de otra manera, la jornada aún guardaba un último encuentro: una quedada final por la noche en el Irish pub, donde se cerrará esta experiencia con un último brindis, celebrando todo lo vivido y dejando la puerta abierta a futuros reencuentros.
Sin duda, un final a la altura de una semana inolvidable.



Sábado 28 y domingo 29 de marzo de 2026. «Dubrovnik, punto y seguido, últimos días del Erasmus+»
El penúltimo día en Dubrovnik amaneció con esa mezcla de nostalgia y gratitud que acompaña siempre a las despedidas. Era sábado 28 de marzo y decidimos aprovechar cada minuto para seguir descubriendo los rincones de esta ciudad que tanto nos ha dado en tan poco tiempo.
Comenzamos la jornada desayunando en un restaurante con solera, situado bajo las imponentes murallas. Allí, con el sol acariciando la piedra antigua y el aroma del café recién hecho, hicimos balance de todo lo vivido durante la semana. Después, nos animamos a recorrer las murallas de la ciudad. Pasearlas sin prisas fue, sin duda, uno de los grandes aciertos del viaje: las vistas de la Old City y del mar Adriático se extendían ante nosotros como una postal viva, difícil de olvidar.







A mediodía, optamos por un restaurante familiar donde la cocina tradicional era la protagonista. Degustamos pescado fresco acompañado de verduras locales, en un ambiente cercano que nos hizo sentir como en casa. Ya por la tarde, tocaba enfrentarse a la realidad: preparar las maletas y empezar a recoger no solo ropa, sino también recuerdos.
La jornada terminó con una cena muy especial en un restaurante de cocina bosnia, en compañía de la otra compañera española con la que hemos compartido esta experiencia. Fue un momento de risas, intercambio de impresiones y promesas de futuros encuentros.
El domingo 29 de marzo comenzó temprano, quizá demasiado. Con el cambio de hora todavía pesando, pusimos rumbo al aeropuerto. El viaje de vuelta no estuvo exento de emoción: dos vuelos con bastantes turbulencias y una escala en Barcelona pusieron a prueba nuestra paciencia. Pero finalmente llegamos a casa, a San Vicente del Raspeig, sanos y salvos.





Nos llevamos mucho más que un viaje. Ha sido una experiencia inolvidable que nos ha abierto la mente, permitiéndonos conocer de cerca el sistema educativo de otros países, compartir nuestra forma de trabajar y dar a conocer nuestro colegio, el CEIP Victoria Kent. Además, nuestro proyecto EcoKent empieza a traspasar fronteras y a ganar reconocimiento en Europa.
Dubrovnik no ha sido un final, sino un punto y seguido. Volvemos con nuevas ideas, ilusión renovada y la certeza de que la educación, cuando se comparte, crece.
