Cada 24 de octubre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de las Bibliotecas, una fecha para recordar la importancia de estos espacios que siguen siendo mucho más que estanterías llenas de libros.
Vivimos en un mundo que va muy deprisa. Todo sucede rápido: leemos titulares en lugar de libros, opiniones en lugar de ideas. En medio de tanta velocidad, las bibliotecas son un refugio donde podemos parar, respirar y disfrutar del placer de leer con calma.
En nuestra escuela, la biblioteca es un espacio abierto y lleno de vida, donde la curiosidad y las ganas de aprender se contagian. Aquí los libros se tocan, se leen, se recomiendan y se disfrutan. No hay muros para la imaginación.
Gracias al esfuerzo de algunos de nuestros docentes, mantenemos viva una biblioteca que invita a los niños y las niñas a descubrir que los libros no son solo para estudiar, sino también para viajar, imaginar, reír, pensar y emocionarse.
También las bibliotecas públicas son esenciales para la comunidad. Son lugares donde la información se comparte, donde el acceso al conocimiento es libre y donde aprendemos a distinguir lo verdadero de lo falso. En un mundo lleno de datos, las bibliotecas son faros de calma, criterio y confianza.
Queremos que nuestra biblioteca siga siendo parte importante del corazón de nuestro colegio: un espacio que late con la ilusión de leer, aprender y crecer juntos. Un corazón que bombea cultura, conocimiento y emoción por las aulas, los pasillos y los hogares.
Porque en una sociedad que corre, las bibliotecas nos invitan a detenernos.
Y en un mundo lleno de desinformación, nos recuerdan que leer sigue siendo una maravillosa forma de aprender, disfrutar y resistir.
