Cierra los ojos un momento. Ahora, imagínate que vas paseando junto a un acantilado y que, de repente, estás a punto de caer.
¿Cómo te sentirías en ese momento?
Tu corazón batiría muy rápido, tu respiración se aceleraría, empezarías a sudar, tu cuerpo se paralizaría y gritarías muy fuerte o te pondrías a llorar, ¿verdad? ¿Y tendríamos una razón real para ponernos así? Claro que sí. Es la respuesta de nuestro cuerpo frente a una situación de peligro. Saltan las alarmas y nos ponemos en nivel 5 de alerta máxima.
Ahora, piensa en un momento cotidiano en el que tu cuerpo reacciona de esa manera también. Cuando no tienes los deberes hechos, y la maestra os los está pidiendo, ¿no? ¿Y estás en peligro de accidente? ¿Tu vida está en juego? ¿Y por qué reacciona tu cuerpo así? No hay una situación real de peligro, pero reaccionamos de esta forma.
Pues hay personas que reaccionan así por su alta sensibilidad al sonido. Todos conocemos a compañeros y compañeras que reaccionan de esta manera, cuando están en el patio o en el comedor, y hay mucho jaleo.
¿Podemos ayudarles a que su reacción no llegue al nivel 5 sino al 2 o 3?
¡La respuesta es un SÍ en mayúsculas! Podemos ayudarles, sólo debemos controlar nuestros niveles de ruido.
Así que Maria Tudela, terapeuta de Fivan, nos ha planteado un reto: 21 días en verde.
Consiste en conseguir, entre todos y todas, que en nuestro comedor, el semáforo del ruido, esté al menos 21 días en verde. ¡Esto nos ayudaría a comer más tranquilos y nuestros compañeros con alta sensibilidad conseguirían estar con nosotros en ese tiempo!
Todo el alumnado ha hecho el compromiso: Yo, me comprometo, a comer hablando bajito.
¿Lo conseguiremos? ¡Seguro que sí!
¡Gracias al AMPA por trabajar con nosotros, para ser una escuela de todas y todas, y para todos y todas!






